Mi hijo bajó las notas: qué hacer cuando llega la libreta del 1er bimestre

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Psic. Gustavo Manrique

Director · CPSP

Llegó la libreta del primer bimestre y las notas bajaron. Tu primer impulso es retar. Detenete: el bajo rendimiento es síntoma de algo más profundo. Estas son las 6 causas psicológicas más frecuentes — y qué hacer en cada caso.

1. Antes de retar a tu hijo: el bajo rendimiento es síntoma, no causa

Llega la libreta del primer bimestre y las notas bajaron. La reacción más común, especialmente en familias peruanas donde el rendimiento académico pesa mucho, es retar al chico: "no estudias", "estás todo el día con el celular", "te falta esfuerzo". Antes de hacer eso, parate un segundo. En clínica vemos esto todos los días y la conclusión es clara: el bajo rendimiento académico casi nunca es un problema de voluntad. Es un síntoma. Y como todo síntoma, lo que importa es encontrar la causa.

Pensalo así: si tu hijo de pronto empieza a vomitar todos los días, no le decís "deja de vomitar". Lo llevás al médico para saber qué está pasando. Con las notas pasa lo mismo, pero como las notas son "comportamiento" y no biología visible, se tiende a moralizar el problema en lugar de investigarlo. Ese error puede costar años de retraso académico y, peor, una autoestima destruida.

Las causas reales del bajo rendimiento se agrupan en 5 grandes categorías que vamos a revisar una por una: problemas atencionales (TDAH), dificultades específicas de aprendizaje (dislexia, discalculia, disgrafía), problemas emocionales (ansiedad, depresión infantil), dificultades sensoriales o de procesamiento, y factores contextuales (familiares y escolares). En muchos casos hay más de una causa actuando al mismo tiempo, lo cual hace todavía más importante una evaluación seria.

Antes de cualquier conversación con tu hijo, hacé este ejercicio: anotá cuándo empezaron las dificultades, en qué materias específicas, si hay diferencia entre lo que hace en casa y lo que rinde en el examen, cómo está durmiendo, qué está pasando emocionalmente en la familia y qué dicen los profesores. Esa información es oro para el profesional que vaya a evaluar.

Dato clínico: Se estima que entre el 15% y 20% de los niños en edad escolar presenta alguna condición que afecta su rendimiento académico (TDAH, dislexia, ansiedad). En Perú, menos del 30% de esos casos llega a diagnóstico oportuno, según datos del Instituto Nacional de Salud Mental.

2. Causa #1: problemas atencionales (TDAH)

El TDAH es la causa más común de bajo rendimiento académico súbito o sostenido. Se manifiesta de tres formas: predominantemente inatento (el niño "se cuelga", parece que sueña despierto, pierde cosas, no termina tareas, comete errores por descuido); predominantemente hiperactivo-impulsivo (no para quieto, habla mucho, interrumpe, se levanta del asiento, actúa sin pensar); o combinado (mezcla de los dos).

El error más frecuente es buscar "al niño moviéndose" para diagnosticar TDAH. La forma inatenta, la más común en niñas, suele pasar desapercibida porque la niña no molesta en clase: simplemente "no entiende" o "no rinde como podría". Las notas bajan, especialmente en materias que requieren atención sostenida (matemática, comprensión lectora, ciencias), mientras que las materias más cortas o dinámicas (educación física, arte) suelen mantenerse.

Señales concretas para casa:

  • Tareas que deberían tomar 30 minutos toman 2 horas con muchas interrupciones.
  • Tu hijo entiende los temas si vos le explicás uno a uno, pero falla en exámenes con preguntas similares.
  • Olvida traer cuadernos, materiales o útiles con frecuencia.
  • Comete errores por no leer el enunciado completo.
  • Empieza tareas y las deja a la mitad para empezar otras.

Si esto te resuena, la evaluación neuropsicológica con escalas estandarizadas (Conners-3, ADHD-RS-5, pruebas de atención sostenida) es el camino. El TDAH tiene tratamiento eficaz con evidencia científica sólida: combinación de terapia conductual (incluida intervención ABA en casos seleccionados), psicoeducación a padres y, cuando está indicado, medicación supervisada por psiquiatra infantil.

3. Causa #2: dificultades específicas de aprendizaje (dislexia, discalculia, disgrafía)

Las dificultades específicas de aprendizaje son condiciones neurobiológicas que afectan áreas concretas del aprendizaje, con inteligencia general dentro del promedio o por encima. Es decir: tu hijo puede ser brillante en muchas cosas y aun así tener dislexia. No es un problema de inteligencia, es un problema de procesamiento específico.

Las tres más frecuentes son:

  • Dislexia: dificultad para decodificar palabras escritas. El niño lee lento, se traba en palabras nuevas, confunde letras de forma similar (b/d, p/q), salta líneas, evita leer en voz alta. Comprende perfectamente si le leés vos, pero si tiene que leer él se pierde.
  • Discalculia: dificultad para procesar números y cantidades. No "le va mal en mate": no entiende qué es mayor entre 7 y 9 sin contar con los dedos, le cuesta memorizar tablas, confunde el valor posicional, tiene dificultades con el tiempo y el dinero.
  • Disgrafía: dificultad en la escritura motora y de organización del texto. Letra ilegible incluso esforzándose, dolor en la mano al escribir, lentitud extrema para copiar de la pizarra, organización pobre del texto en el cuaderno.

Lo importante: estas dificultades no se "superan con esfuerzo". Necesitan intervención específica con metodología validada (Orton-Gillingham para dislexia, Dyscalculia Toolkit para discalculia, programas de reeducación grafomotora para disgrafía), y adaptaciones curriculares en el colegio. Sin diagnóstico, el niño se autopercibe como "tonto" y construye una autoestima académica devastada. El diagnóstico, paradójicamente, alivia: "no es que sea malo, es que tengo algo concreto y tiene solución".

Evidencia: La Asociación Internacional de Dislexia estima que el 80% de los niños con dificultades de lectura no diagnosticadas desarrollan ansiedad escolar o conductas evitativas entre los 8 y 12 años. El diagnóstico temprano reduce esta cifra dramáticamente.

4. Causa #3: problemas emocionales (ansiedad, depresión infantil)

Mucha gente cree que la depresión y la ansiedad son "cosas de adultos". No lo son. En Perú, según cifras del Ministerio de Salud, alrededor del 8% de los niños y adolescentes presenta algún trastorno emocional clínicamente significativo. Y uno de los primeros lugares donde se manifiesta es en el rendimiento académico.

La ansiedad infantil rara vez se muestra con la frase "estoy ansioso". Se muestra como dolor de estómago antes del cole, dolor de cabeza, dificultad para dormir, miedo a equivocarse, perfeccionismo extremo, evitación de tareas que antes hacía bien, llanto fácil, irritabilidad. La depresión infantil tampoco se ve como tristeza llorosa: se ve como aburrimiento permanente, pérdida de interés en cosas que antes le gustaban, fatiga, aislamiento social, baja energía y, en muchos casos, irritabilidad sostenida confundida con "rebeldía".

Cuando un niño está atravesando un cuadro emocional, su capacidad de aprender se reduce significativamente. La memoria de trabajo, que es el "espacio mental" donde se sostiene la información para procesarla, se ocupa con preocupaciones, miedos o tristeza. No queda lugar para retener la lección de historia. Las notas bajan no porque no estudie sino porque, aunque estudie, no se le fija.

Señales que te tienen que alertar:

  • Quejas físicas frecuentes los días de cole (no los fines de semana).
  • Cambio brusco en el sueño o el apetito.
  • Dejó de disfrutar lo que antes disfrutaba.
  • Se aísla de amigos o de la familia.
  • Frases como "soy un tonto", "para qué intento" o, en casos serios, comentarios sobre desaparecer o no ser importante.

Si reconocés varias de estas señales, no es momento de revisar la libreta: es momento de pedir una evaluación psicológica infantil. Esto se atiende, y se atiende bien, con terapia cognitivo-conductual adaptada a la edad del niño y, en algunos casos, intervención familiar.

5. Causa #4: dificultades sensoriales o de procesamiento

Algunos niños tienen un sistema sensorial que procesa la información del entorno de manera distinta. Pueden ser hipersensibles (les molesta mucho el ruido del aula, las luces fluorescentes, las etiquetas de la ropa, ciertos olores, el contacto físico inesperado) o hiposensibles (necesitan moverse mucho para mantenerse alerta, buscan estímulos fuertes, parecen no escuchar cuando los llamás). Ambos casos afectan el rendimiento académico de formas que rara vez se conectan con lo que está pasando.

Imaginá un aula de 30 chicos. Para un niño con hipersensibilidad auditiva, los lápices cayendo, las sillas arrastrándose, las voces susurrando son un bombardeo constante. La energía que un niño común usa para atender a la profesora, este niño la usa para no colapsar ante los estímulos. Llega a la tarde agotado, irritable, sin poder hacer las tareas. Las notas bajan, pero la causa real no se ve.

Esto es frecuente en niños con TEA, pero también puede aparecer aisladamente como Trastorno del Procesamiento Sensorial. La evaluación adecuada incluye participación de terapia ocupacional con perfil sensorial (como el Sensory Profile de Dunn), y el tratamiento implica adaptaciones ambientales (audífonos atenuadores, asientos especiales, descansos sensoriales) y, en algunos casos, intervención terapéutica específica.

Si tu hijo "explota" al salir del cole, se queja mucho de ruidos o texturas, o necesita moverse constantemente para sostener atención, mencionalo en la evaluación. Es un eje que muchas veces se pasa por alto y que, una vez identificado, transforma la experiencia académica del niño.

6. Causa #5: contexto familiar/escolar (cambios, bullying, falta de límites)

No todo es neurobiología. A veces las notas bajan porque el contexto del niño cambió. Y eso también merece atención clínica, aunque no implique un diagnóstico psicológico formal. Las causas contextuales más frecuentes que vemos en consulta son:

  • Cambios familiares recientes: separación de los padres, mudanza, llegada de un hermano, fallecimiento de un familiar cercano, cambio de cuidador principal. Los niños procesan estas cosas en silencio, y muchas veces el rendimiento académico es el primer indicador de que algo no se está digiriendo bien.
  • Bullying o conflictos escolares: si tu hijo dejó de querer ir al cole, si se queja de un compañero específico, si volvió cambiado después de cambiar de salón o de cole, hay que investigar. El bullying afecta la atención, el sueño, la motivación y, por supuesto, las notas.
  • Cambio de docente o metodología: a veces el problema es simplemente que la docente nueva tiene un estilo que no encaja con cómo aprende tu hijo. Esto se resuelve con coordinación con el cole, no con terapia.
  • Exceso o falta de estructura en casa: rutinas inexistentes, horas de sueño insuficientes, exposición excesiva a pantallas (especialmente video corto: TikTok, Reels), comidas desordenadas. Los niños necesitan estructura para que su cerebro funcione bien académicamente.

Si identificás factores contextuales, eso no significa que no haya que evaluar otras causas. Muchas veces se combinan: un niño con TDAH leve que estaba compensando bien hasta que se sumó una mudanza y la pérdida del abuelo. Ahí ya no compensa y las notas bajan. El diagnóstico integral mira todo el cuadro.

7. Qué hacer paso a paso si las notas bajaron

Si llegaste hasta acá, ya sabés que retar no es el camino. Te dejamos un plan concreto de 5 pasos para actuar:

  1. Conversá con tu hijo sin reto previo. Frase modelo: "Vi tu libreta. Quiero entender qué está pasando, no retarte. Contame qué sentís en el cole, qué te resulta más difícil". Escuchá sin interrumpir. La información que te dé es valiosísima.
  2. Coordiná reunión con el tutor o tutora. Pedile específicamente: cómo se comporta en clase, en qué materias se observa más dificultad, si participa, si interactúa con compañeros, si nota cambios emocionales. Pedí esa información por escrito si podés.
  3. Revisá la salud básica: ¿está durmiendo entre 9 y 11 horas? ¿Come bien? ¿Cuántas horas de pantalla tiene al día? ¿Hace actividad física? Estos factores son la base. Si están mal, todo lo demás se ve peor.
  4. Solicitá una evaluación neuropsicológica si los pasos anteriores no aclaran la causa o si las dificultades son sostenidas. Esto te va a dar respuestas concretas con criterios DSM-5 o CIE-11, no opiniones.
  5. Implementá el plan de intervención que surja de la evaluación. Eso puede incluir terapia, adaptaciones escolares, ajustes en casa, derivación a psiquiatra infantil, terapia ABA si corresponde, o terapia de lenguaje. El informe técnico te va a dar las recomendaciones operativas.

El bajo rendimiento académico es una señal de que algo necesita atención. Atenderlo a tiempo cambia trayectorias enteras: el niño que se sentía "tonto" descubre que tiene una condición concreta y manejable, recupera su autoestima académica, y vuelve a relacionarse con el aprendizaje desde la curiosidad y no desde la frustración.

En el Centro Psicológico Manrique ABA hacemos evaluación neuropsicológica infantil completa para identificar con precisión qué está pasando con el aprendizaje de tu hijo o tu hija. El servicio incluye entrevista clínica, aplicación de instrumentos validados, sesión de devolución y un informe técnico con recomendaciones operativas, por un costo módico de S/570. Si querés conversar antes de decidir, podés escribirnos para coordinar una primera asesoría personalizada y entender si la evaluación es lo que tu familia necesita ahora.

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